No me molan los Bancos de Alimentos


Se que es un tema controvertido, se que incluso resulta antisocial afirmarlo, se que a día de hoy es la forma más fácil que hemos encontrado de creer que somos solidarios, que estamos ayudando a los demás, de limpiar nuestra conciencia o incluso de intentar que la sociedad cambie. Son muchas las personas que colaboran en las recogidas de alimentos. Y son muchos los hipermercados que se apuntan al carro de recoger alimentos. Incluso en Ayuntamiento de Zaragoza, se ha apuntado a esta forma de limosna con su proyecto Zaragoza Redistribuye.

Pero... ¿Quiénes somos nosotros para decidir lo que deben de comer los demás?, si nos creemos aquello de que somos iguales y que la dignidad esta por encima de la situación económica o social. Lo justo en un sistema capitalista no seria que todos pudiéramos ir a comprar y elegir lo que queremos en un mercado de alimentos libre. Igual que hacemos nosotros cuando vamos a comprar. Pero parece ser que no, parece ser que cuando uno es pobre, debe de resignarse a comer aquello que los demás hemos decidido que nos sobra y que se lo hemos dado a un Banco de Alimentos. Al final lejos de hacer una buena acción, solo estamos contribuyendo a perpetuar la cadena de la pobreza y la exclusión, ya que lejos de ayudar a estas personas potenciando sus cosas buenas y dandole herramientas para que puedan auto-determinarse y salir de la espiral de la exclusión, lo que logramos es que continúen dentro.

Alguien dijo hace más de dos mil años aquello de «no se trata de dar peces, sino de enseñar a pescar». Mientras solo demos peces, el día que nosotros no podamos dar más peces, estaremos condenando a estas personas a que no puedan comer. En cambio si les ayudamos desde un proceso de intervención social, quizás lograremos a largo plazo cambios positivos que les permitan generar los recursos suficientes para ser autónomos. Y en ese caso tendrán el dinero para poder ir al super y comprar lo que quieran. Cierto es que al final es más fácil dar un kilo de macarrones al salir del Simply, que luchar por el cambio social y hacer procesos de acompañamiento a las personas que por la razón que sea lo necesitan. De la misma forma que es más fácil dar un poco del dinero que nos sobra a una onegé, que ser activista de cualquiera de ellas.

Cierto es que en algunos casos concretos si que resulta positivo una ayuda en especie, a la vez que se acompaña de ese proceso de acompañamiento que comentaba. Pero eso no puede ser la excusa para que una entidad pública, que es la responsable de que los ciudadanos vivamos en condiciones de igualdad de oportunidades, repara comida indiscriminadamente con el único objetivo de que se haga la foto algún politico que representa a un conocido partido socialista. Y nos cuente lo solidaria que es su iniciativa y lo mucho que van a ganar los Servicios Sociales. Al final es la consecuencia de poner al frente, como responsables de la política social, a personas que no saben de que va el tema. Lo malo de poner a alguien que sabe, es que es muy probable que tenga criterio para cuestionar las decisiones de quien al final controla el cotarro.

Pero el surrealismo de esta historia está en las recogidas navideñas de las grandes superficies, da igual una que otra, pues todas se han apuntado a este carro que les resulta más que rentable. En Navidades, época en la que todos nos rascamos el bolsillo, siguen la estrategia de recoger alimentos a la salida, ya que después de gastarnos casi doscientos euros en la compra de la cena de Nochebueno y/o la comida del día de Navidad, a ver quien no es capaz de comprar algún kilo de más de comida no perecedera para los pobres. Total que al final, lo que hacemos es comprar comida al precio que marca la tienda, para dárselo a un Banco de Alimentos y limpiar así el mal sabor que nos deja, cual Señor Scrooge en A Christmas Carol [1]. Al final quien más gana es la superficie comercial que nos obliga a comprar de más, a la vez que nos vende la moto de que esta siendo solidaria.

Si realmente queremos ser solidarios con los demás, lo que podemos hacer es ayudar a nuestro vecino, a nuestro tío, a la personas que viven en nuestro barrio. En definitiva a aquellos que sabemos que están pasando un mal momento. Así estaremos cambiando nuestro entorno y con ello el mundo, y no estaremos contribuyendo al enriquecimiento de aquellos que hacen negocio con la necesidad más básica: la comida.

Imagen | Llámalo X

[1En España conocido como Cuento de Navidad, cuento infantil escrito en 1863 por Charles Dickens en el que narra la historia de un hombre avaro y egoísta llamado Ebenezer Scrooge y su transformación tras ser visitado por una serie de fantasmas en Nochebuena.


 
         

 
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Articulo publicado en : /Nuestro mundo /Vivir en sociedad el Lunes 1ro diciembre 2014 a las 10:00 por Diego Navarro
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